El debut de la Toronto Symphony Orchestra en Barcelona, bajo la dirección de Gustavo Gimeno, fue tan esperado como memorable. Con un Palau de la Música con las entradas agotadas, el público vivió una velada llena de emoción, marcada por la intensidad de Rajmáninov y la luminosidad poética de Mahler, dos compositores que, una vez más, demostraron ser verdaderos amantes de Barcelona.

La primera parte del concierto tuvo un protagonista indiscutible: el pianista Bruce Liu, que debutaba por primera vez en la ciudad y se convirtió en la gran sorpresa de la noche. Su interpretación del Concierto para piano n.º 2 en do menor, op. 18 de Serguéi Rajmáninov combinó virtuosismo, sensibilidad y una extraordinaria complicidad con la orquesta, arrancando una entusiasta ovación del público. Además, quiso regalar dos bises al público: Fantaisie-Impromptu de Chopin y, del propio Rajmáninov, Zdes Khorosho, de los 12 Romances, acompañado por el concertino de la orquesta.

Tras la pausa, la Sinfonía n.º 4 en sol mayor de Gustav Mahler desplegó todo su universo sonoro para culminar con la voz delicada y expresiva de la soprano Anna Prohaska, que puso el broche final a una interpretación llena de matices.

Una noche en la que música, emoción y excelencia artística se dieron la mano, marcando una inauguración de 2026 por parte de BCN Clàssics con un éxito rotundo.