Ayer en L'Auditori, Zubin Mehta volvió a ponerse al frente de la West-Eastern Divan Orchestra con la autoridad serena y la elegancia que lo caracterizan. La orquesta respondió con un sonido compacto y lleno de matices, demostrando una gran cohesión y una capacidad expresiva que sostuvo todo el programa.

La obertura de Rienzi de Richard Wagner abrió la velada con brillantez y carácter teatral, destacando los contrastes entre solemnidad y energía. A continuación, el Concierto para violín nº 1 en Sol menor, op. 26 de Max Bruch encontró en María Dueñas una intérprete sensible e intensa, especialmente en el Adagio, donde su sonido cálido cautivó la sala.

En la segunda parte, la Sinfonía nº 4 en Fa menor, op. 36 de Piotr Ilich Tchaikovsky desplegó todo el dramatismo de la obra hasta un final vibrante y expansivo.

Como propina, Dueñas ofreció Applemania, de Aleksey Igudesman, y también Vals triste de Franz von Vecsey.